En medio de un panorama nacional donde la propiedad horizontal suele ser abordada desde lo normativo, lo contable o lo estrictamente administrativo, es refrescante –y profundamente esperanzador– encontrar espacios que trascienden lo técnico para tocar lo humano, lo social y lo comunitario. Eso fue precisamente lo que logró el Tercer Congreso de Propiedad Horizontal del Eje Cafetero, organizado con impecable dedicación por el Grupo SAGA.
Lo que se vivió durante los dos días del evento no tiene precedentes en Colombia. No estamos hablando de un simple congreso, ni de una jornada académica más. Estamos hablando de una verdadera hazaña logística, académica y profesional: un evento que, por su contenido, estructura, calidad de invitados, participación y profundidad, equivale perfectamente a cinco congresos en uno solo.
Y lo más admirable de todo: esta proeza fue realizada sin protagonismos, sin intereses personales, y con un nivel de entrega que merece no solo reconocimiento, sino gratitud de parte de todos quienes hacemos parte de la propiedad horizontal en Colombia.
El Grupo SAGA, conformado por profesionales comprometidos con la transformación del sector, no solo organizó un evento exitoso. Lo que hicieron fue construir un punto de encuentro nacional, un espacio donde la academia, la experiencia, la normativa, la ética y la convivencia se dieron la mano, permitiendo diálogos sinceros, propuestas valiosas y conexiones humanas.
Los temas abordados no se quedaron en lo superficial. Se tocaron con profundidad aspectos críticos como el rol de los administradores, los retos jurídicos más apremiantes, la formación de los consejos de administración, la salud mental en la vida en comunidad, la responsabilidad social, los retos de sostenibilidad, entre muchos otros. Todo esto, de la mano de expertos de distintas regiones, cada uno con su sello, su enfoque y su experiencia enriquecedora.
Lo que hace aún más valiosa esta experiencia es que fue organizada desde la vocación, no desde el lucro. El Grupo SAGA ha demostrado que cuando se trabaja desde la ética, la solidaridad y el propósito, los resultados trascienden. No se trató de un evento para tomarse la foto o figurar en redes sociales. Fue una construcción colectiva pensada para elevar el nivel de discusión sobre la propiedad horizontal en Colombia y para dignificar a quienes ejercen esta labor con compromiso, pero muchas veces sin reconocimiento.
Por eso, desde esta columna, quiero extender una felicitación sincera y profundamente sentida a cada uno de los miembros del Grupo SAGA. Ustedes son ejemplo de liderazgo consciente, de gestión responsable y de cómo se puede hacer país desde lo local, desde lo técnico, pero también desde lo humano.
Su trabajo no solo debe continuar: debe crecer. Y confiamos en que el próximo año volverán a sorprendernos con un congreso aún más ambicioso, más incluyente y más impactante. Colombia necesita más líderes como ustedes: gente que cree, que construye y que inspira.
A todos los actores de la propiedad horizontal: administradores, revisores fiscales, consejeros, abogados, ingenieros, técnicos, residentes comprometidos, proveedores del sector… La invitación es clara: agéndense desde ya para el Congreso 2026. No dejen pasar esta oportunidad de formación, actualización y conexión. Este evento no es un lujo, es una necesidad si queremos seguir avanzando hacia una propiedad horizontal más digna, más profesional y más humana.
Espacios como este no solo actualizan conocimientos: renuevan la energía, reconstruyen redes y nos devuelven la fe en que sí se puede. Y cuando uno encuentra personas y equipos como el Grupo SAGA, entiende que el cambio real viene de la gente que no espera a que las cosas pasen, sino que las hace pasar.
Gracias, Grupo SAGA, por demostrar que la propiedad horizontal también puede ser un espacio de esperanza. Nos vemos en 2026, con más fuerza, más propuestas y, sin duda, con más inspiración.
Escrito por:
Jorge Enrique Hernández Alonso


