La historia de Barranquilla no puede contarse sin mencionar a Alfredo de la Espriella Zabaraín, el hombre que dedicó su vida a preservarla. Más que un cronista, fue un arquitecto de la memoria, un tejedor de relatos que convirtió cada rincón de su creación, el “Museo Romántico” en un portal hacia el pasado. Hoy, 30 de enero del 2025, su muerte genera un vacío inmenso, pero también un legado que seguirá iluminando el espíritu de la ciudad que él tanto amó.
Desde su infancia, De la Espriella se sintió barranquillero de alma y convicción. Su amor por la ciudad se materializó en innumerables proyectos culturales, pero ninguno tan trascendental como el Museo Romántico. Fundado en 1983, este espacio se convirtió en un templo de identidad colombiana y barranquillera, resguardando desde cartas de Bolívar hasta maquetas de las calles de la “Puerta de Oro”. Gracias a su destacada labor, las nuevas generaciones han podido reencontrarse con la historia y comprender que Barranquilla es más que una simple ciudad

Más allá de la creación del mencionado museo, De la Espriella dio vida a la esencia festiva de la ciudad. Como redactor del Bando del Carnaval, Alfredo tenía la responsabilidad de proclamar el inicio de la mayor fiesta cultural de Colombia. Su forma de ser lo llevó a recibir el apodo de “El Bandolero Mayor”.
Pero su legado no solo se mide en páginas escritas o piezas conservadas; se mide en la inspiración que deja en quienes creen en la importancia de recordar. Su vida fue una oda a la memoria, a la pasión por las raíces y al compromiso con el arte y la cultura. A sus 98 años, se despide físicamente, pero sus creaciones y gran huella seguirán resonando en cada historia contada, en cada objeto del museo, en cada carnaval que reviva la esencia de Barranquilla.
Hoy, Barranquilla despide a un guardián de su historia, pero no lo olvida. Alfredo de la Espriella no se ha ido, porque “Incapaces son de morir los amados, pues el amor es inmortalidad.” Emily Dickinson



