Cuando pensamos en algunas de las empresas más grandes y reconocidas del mundo, es fácil imaginar que siempre se dedicaron a aquello que las hizo famosas. Sin embargo, varias de ellas comenzaron con productos y actividades que hoy parecen no tener absolutamente ninguna relación con su negocio actual. Antes de convertirse en referentes de la tecnología, los videojuegos, los muebles o el entretenimiento, sus primeros pasos estuvieron ligados a cartas, alimentos, artículos de papelería, juguetes de madera e incluso productos que difícilmente asociaríamos con sus nombres actuales.
Uno de los ejemplos más sorprendentes es Nintendo. Mucho antes de Mario Bros., Zelda, Pokémon o las consolas que marcaron generaciones, la compañía japonesa comenzó su historia en 1889 fabricando y vendiendo cartas tradicionales japonesas conocidas como Hanafuda. Su fundador, Fusajiro Yamauchi, comenzó aquel pequeño negocio en Kioto y durante décadas la empresa estuvo vinculada principalmente al mundo de las cartas. No fue sino hasta 1963 cuando Nintendo comenzó a fabricar juegos además de barajas, y posteriormente empezó su transformación hacia el entretenimiento electrónico que conocemos actualmente.
Otra historia que sorprende es la de Samsung. Hoy es prácticamente imposible separar su nombre de los teléfonos inteligentes, televisores, electrodomésticos, semiconductores y otros productos tecnológicos. Sin embargo, la compañía fue fundada en 1938 por Lee Byung-chull como un pequeño negocio dedicado al comercio de productos y alimentos. Samsung comenzó vendiendo productos de consumo y alimentos antes de entrar progresivamente en diferentes sectores. Décadas después llegaría Samsung Electronics y comenzaría la transformación que llevaría a la compañía a convertirse en uno de los grandes nombres mundiales de la tecnología.
La historia de Nokia también parece pertenecer a una empresa completamente diferente. Antes de convertirse en uno de los nombres más reconocidos de la telefonía móvil, Nokia nació en Finlandia en 1865 como una fábrica de pulpa de madera. Con el paso de los años, la compañía fue entrando en diferentes industrias y llegó a producir papel, cables, productos de caucho, botas y neumáticos. Posteriormente incursionó en dispositivos móviles y telecomunicaciones, hasta convertirse en una de las empresas más importantes de la historia de la telefonía.
IKEA también tuvo unos comienzos muy diferentes a la imagen que tenemos actualmente de la compañía. Ingvar Kamprad fundó IKEA en 1943, cuando tenía apenas 17 años, como una empresa de venta por catálogo. En sus primeros años comercializaba productos pequeños como bolígrafos, billeteras, marcos para fotografías, relojes, joyería y medias de nailon. Los muebles se incorporaron posteriormente, en 1948, y terminarían convirtiéndose en el centro del negocio que conocemos hoy. Es decir, IKEA no nació como una empresa de muebles: primero fue un negocio de artículos diversos vendido a distancia.
LEGO también tuvo un comienzo muy distinto al que muchos podrían imaginar. La compañía fue fundada en 1932 por Ole Kirk Kristiansen, un carpintero danés que comenzó fabricando juguetes de madera. Entre sus primeros productos había automóviles, aviones y yoyós de madera, aunque también fabricaba artículos cotidianos como escaleras, tablas de planchar y soportes para árboles de Navidad. Fue con el paso de los años, y especialmente con la llegada de los productos plásticos, cuando la compañía comenzó a construir el imperio de juguetes que conocemos actualmente.
Hasbro, otro gigante mundial del entretenimiento y los juguetes, tampoco nació fabricando los productos por los que posteriormente se hizo famoso. La empresa fue fundada en 1923 por los hermanos Henry y Hillel Hassenfeld y sus primeros negocios estuvieron relacionados con la venta de retazos de tela. Posteriormente comenzaron a fabricar cajas para lápices y artículos escolares. No fue hasta la década de 1940 cuando Hasbro comenzó a introducir sus primeros juguetes, iniciando una transformación que décadas después llevaría a la compañía a desarrollar marcas como G.I. Joe, My Little Pony y Transformers.
Incluso Pepsi tiene una historia que se aleja bastante de la imagen de una multinacional de bebidas. La bebida que posteriormente se convertiría en Pepsi nació de la mano de Caleb D. Bradham, un farmacéutico de New Bern, Carolina del Norte. Bradham comenzó mezclando la bebida detrás del mostrador de su farmacia y originalmente la comercializaba como “Brad’s Drink”. Posteriormente adquirió el nombre “Pep Kola” y lo modificó hasta llegar al nombre Pepsi-Cola. Lo que comenzó como una bebida preparada por un farmacéutico terminó convirtiéndose en una de las marcas de bebidas más reconocidas del planeta.
Lo interesante de todas estas historias es que ninguna de estas compañías comenzó exactamente con la identidad que hoy conocemos. Nintendo era una empresa de cartas; Samsung, un pequeño comerciante de productos y alimentos; Nokia, una fábrica de pulpa de madera; IKEA, un negocio de venta de artículos diversos por catálogo; LEGO, un taller de juguetes de madera; Hasbro, una compañía vinculada inicialmente a los textiles y los artículos escolares; y Pepsi, una bebida preparada por un farmacéutico.
Sus historias muestran que una empresa no necesariamente está destinada a permanecer para siempre en el mismo sector en el que nació. Algunas encontraron nuevas oportunidades, otras aprovecharon los cambios tecnológicos y otras simplemente fueron transformándose con el paso de las décadas. En varios casos, el producto que terminó convirtiéndose en el símbolo de la compañía apareció muchos años después de su fundación.
Por eso, detrás de algunas de las marcas más conocidas del mundo existe una historia que pocas veces se cuenta: antes de convertirse en lo que todos conocemos, fueron algo completamente diferente. Y quizá lo más curioso es imaginar que, cuando sus fundadores comenzaron aquellos pequeños negocios, difícilmente podían saber que décadas después sus nombres estarían asociados con industrias que ni siquiera formaban parte de sus planes originales.


