Por Fausto Pérez Villarreal
Bajo el cielo de Piojó, donde las colinas se abrazan con la neblina y el viento parece llevar consigo antiguas historias de la montaña al mar, una voz que ha acompañado durante décadas la memoria del pueblo recibirá un homenaje largamente merecido. Se trata de la poetisa y maestra Casta Leonor Utria de Tejera, una mujer de vida entrelazada con la enseñanza, la artesanía de la palabra y el amor entrañable por su tierra.
La celebración tendrá lugar el próximo domingo 7 de junio, a partir de las diez de la mañana, en el auditorio de la Institución Educativa San Antonio. Allí se reunirán habitantes del municipio, escritores, artistas plásticos, realizadores audiovisuales y gestores culturales para rendir tributo a quien ha dedicado buena parte de su existencia a sembrar versos y conocimiento.
Dicha jornada incluirá lecturas de poemas y diversas expresiones artísticas que permitirán recorrer la huella cultural de una mujer cuya obra permanece viva en la memoria colectiva de los piojoneros. El ingreso será libre para toda la comunidad del Atlántico y especialmente para los hijos de este suelo privilegiado del departamento. Esta organización está a cargo de la Fundación Casa Museo Isaac Villanueva, liderada por Lino Villanueva, y de la Unión de Escritores y Artistas de Piojó.
Pocos nombres están tan ligados a la identidad del municipio como el de ‘La Seño’ Casta Utria. Docente por profesión y poeta por destino, es la autora de la letra del himno de Piojó, cuya música fue compuesta por el reconocido creador e ilustre hijo del pueblo Isaac Villanueva Mendoza. En esos versos quedó condensado el afecto profundo por la historia, la geografía y las raíces indígenas de la población.
“Es un viejo pueblo de la costa, Dios te salve, querido Piojó.
Tú aprisionas en lajas compactas, las pisadas de tu fundador.
De colinas, un cerro te guarda, la neblina se ve aparecer.
Mar azul se divisa y no alcanza a arrullarte en su loco vaivén.
Los palmares de intensa esmeralda, con orgullo abanican tu faz…”.
La literatura y la filosofía fueron siempre sus territorios predilectos. Los números, en cambio, jamás lograron conquistarla. Sin embargo, durante cuarenta y dos años ejerció con entrega ejemplar el magisterio en distintos municipios del Atlántico, dejando en cientos de estudiantes la marca silenciosa de los buenos maestros. Su formación comenzó en la Escuela Normal Superior de Señoritas de Santa Marta, y desde muy joven descubrió que la declamación era otra forma de habitar el mundo.
Hoy, a los noventa y cinco años, vive la serenidad de quien ha cumplido con creces su tarea. Las tardes suelen encontrarla en la puerta de su casa, entregada al vaivén pausado de su sillón de mimbre mientras disfruta la brisa que baja de las colinas. Pero el retiro laboral nunca significó el retiro de la creación.
La poesía continúa visitándola. Lee, escribe, corrige y vuelve sobre cada texto con la paciencia de quien sabe que las palabras también requieren cuidados. Conserva intacta la sensibilidad que la acompañó durante toda la vida. Y mientras el tiempo avanza, ella sigue entregándose a esos pequeños nacimientos cotidianos que son los poemas.
Por eso, el homenaje que recibirá no solo celebra a una escritora. También honra a una maestra, a una mujer de cultura y a una de las voces que mejor ha sabido cantar el alma de Piojó



