Los Premios Oscar, considerados durante décadas el máximo reconocimiento del cine, han ido perdiendo credibilidad con el tiempo. Aunque siguen siendo un evento de gran relevancia, las decisiones de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas han generado cada vez más críticas por parte de la audiencia y la industria. Entre las razones principales se encuentran la tendencia a priorizar películas con temáticas inclusivas sobre aquellas con mejores méritos técnicos, la polémica en torno a ciertas nominaciones y el impacto de decisiones políticas en la selección de los ganadores.
Uno de los puntos más cuestionados es la aparente preferencia de la Academia por películas que aborden temas inclusivos o de diversidad, dejando de lado producciones con guiones más sólidos, mejor fotografía, actuaciones destacadas y una dirección más trabajada. Si bien la representación en el cine es fundamental, algunos críticos y cinéfilos consideran que la inclusión no debería ser un factor determinante para obtener una nominación, sino la calidad artística y técnica de la obra. Esta tendencia ha llevado a que varias producciones sean ignoradas a pesar de su excelencia, generando descontento entre los espectadores.
Otra situación que ha afectado la credibilidad de los premios es la presencia de películas que generan controversia, más por la polémica que las rodea que por su calidad cinematográfica. Un ejemplo reciente es Emilia Pérez, el filme más nominado en la edición de los Oscar 2025. A pesar de su alta cantidad de nominaciones, muchas personas dentro y fuera de la industria consideran que ni siquiera merece estar en la competencia. La decisión de la Academia ha sido vista como un intento de generar conversación y mantenerse en el centro del debate público, más que como un reconocimiento genuino al cine.

Además, el peso de la política en los Oscar ha aumentado significativamente en los últimos años. Las decisiones parecen estar influenciadas no solo por el talento de los cineastas y actores, sino también por las posturas ideológicas que representan. Esto ha llevado a que algunos críticos argumenten que los premios han dejado de ser un reflejo de la excelencia cinematográfica para convertirse en una plataforma de promoción de agendas específicas. La percepción de que los ganadores son elegidos por razones ajenas al mérito artístico ha alejado a una parte de la audiencia que antes seguía el evento con entusiasmo.
Como consecuencia de estas situaciones, los Premios Oscar han experimentado una caída en su audiencia año tras año. Lo que solía ser una de las noches más esperadas por los amantes del cine, ahora es visto por muchos como un evento predecible y politizado. Si la Academia no toma medidas para recuperar la confianza del público y priorizar nuevamente la calidad cinematográfica sobre otros factores, los Oscar podrían perder aún más relevancia en el futuro.


