El pasado viernes 28 de marzo, un terremoto de magnitud 7,7 sacudió el centro de Myanmar, causando una tragedia sin precedentes en la región. A medida que emergen más detalles, se revelan historias desgarradoras y una crisis humanitaria que continúa afectando a millones.
El sismo, con epicentro cerca de Mandalay, la segunda ciudad más importante del país, dejó un saldo de más de 2.700 muertos y 4.500 heridos, según informaron medios estatales. La cifra de fallecidos podría superar los 3.000, y se teme que aumente debido a las personas desaparecidas y a la gravedad de las lesiones, tal como informó The Times.
Las labores de rescate se han visto obstaculizadas por la falta de equipos adecuados y la inestabilidad política del país. La junta militar que gobierna Myanmar desde el golpe de Estado de 2021 ha dificultado la entrada de ayuda internacional, complicando la distribución de víveres, medicinas y equipos de rescate, según lo señalado por El País.
Entre las víctimas, se encuentran 200 monjes budistas atrapados bajo los escombros de un monasterio, 50 niños que perecieron en el colapso de un aula de preescolar y 700 fieles musulmanes que fallecieron mientras rezaban en las mezquitas durante el Ramadán. Además, más de 60 mezquitas y tres hospitales fueron completamente destruidos, según lo reportado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Huffington Post.
La situación se complica aún más con la llegada inminente de la temporada de monzones en mayo, que podría provocar inundaciones y deslizamientos de tierra, agravando las condiciones de vida de los afectados. Muchas familias han optado por dormir al aire libre debido al temor de réplicas y a la falta de refugios seguros, tal como reportó AP News.
La comunidad internacional ha respondido con ofertas de ayuda, pero los esfuerzos se ven retrasados por problemas logísticos y restricciones impuestas por el gobierno militar. Organizaciones como el Comité Internacional de la Cruz Roja están trabajando en la región, pero enfrentan desafíos significativos para llegar a las áreas más afectadas, como mencionó Instagram en sus publicaciones oficiales.
Este desastre ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de Myanmar ante catástrofes naturales, especialmente en un contexto de conflicto armado y gobierno militar. La necesidad de una respuesta humanitaria coordinada y sin restricciones es más urgente que nunca para mitigar el sufrimiento de millones de personas afectadas por el terremoto.


